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ILAB TEATRO Las Touza

Una experiencia del “otro teatro”

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera.” Federico García Lorca

Entramos al espacio que inmediatamente nos abrazó con el aroma de los “melindres”, frituras de harina parecidas a los “churros” que las actrices, los personajes en realidad, nos ofrecían al ir tomando de a poco nuestros lugares. La luz es cálida, la mesa enharinada y por ahí trastes y utensilios propios de una cocina.

Sin llamadas, sin un aviso previo, da inicio la obra. En realidad el montaje empieza desde que aparecen las hermanas Touza: Lola, Amparo y Julia, nos invitan a sentarnos y, para sorpresa del público, algunas personas seleccionadas al azar pasan a ocupar lugares en la escena, se tornan comensales del “quiosco” de comida que ellas atienden y en el que se lleva a cabo toda la obra; situación que permite al espectador volverse parte de la historia, estar ahí, hacer tangible el “aquí y ahora”, tan importante en el quehacer teatral.

En ese ambiente, nuestros alumnos del ILab Teatro, de sexto de bachillerato, se acercaron por primera vez a un espacio de “teatro emergente” en la Ciudad de México, en el que convivieron  y dialogaron con las actrices y con la directora del montaje. Buscando y escudriñando los elementos de esta propuesta para descubrir que existen distintas maneras de hacer teatro que no se limitan por la falta de recursos, y que son capaces, como en este caso, de crear una atmósfera que te atrapa como espectador y te hace parte de una historia: la historia de estas hermanas “heroínas del silencio”, que en un pueblo pequeño cerca del puerto de Vigo, en España, se encargan de salvar la vida de cientos de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, con la consigna de guardar silencio para no despertar sospechas de los “oídos” que andan por ahí pululando en el pueblo, en Rivadavia.

La vivencia resultó para los estudiantes rica en todos sentidos, ya que pocas veces se puede hablar del proceso que se desarrolla para llegar a montar una puesta en escena. De sus preguntas, algunas ingenuas y otras tantas cargadas de sentido, se desprendió un diálogo entre su visión de la historia y lo que en el escenario se propuso. Enriquecedora, sin duda, la experiencia permitió ir más allá de la postura de simple espectador, del público atrapado en un teatro estéril y lejano a la esencia del arte escénico, entendiendo que el teatro vive a pesar de la carencia de apoyo económico e institucional.

En la clase se escuchan los comentarios y las dudas que los alumnos trajeron consigo después de haber visto la puesta en escena: ¿Por qué participa el público como actor? Alguien responde: Porque así nos volvimos parte de la historia: es un intento de romper la cuarta pared e ir más allá, bueno, eso dijo la directora. Uno más reflexiona: el espacio no es como un teatro, eso quiere decir que yo puedo hacer una representación en cualquier lugar. Ahora, una alumna: La historia es verdadera y la parte en donde la actriz que canta lloró, me emocionó, me llegó el miedo que sintieron cuando los nazis fueron al pueblo. Por ahí un alumno cuestiona: ¿Todo se puede hacer en el teatro? Contesta otro alumno: Sí, si lo justificas… En la obra fue muy bueno el asunto del público porque también aprovecharon lo pequeño del espacio, se hace íntimo.

De las cosas que más dijeron los alumnos, fueron: me gustó cómo leían documentos para completar la historia: eso hace que parezca más verdadera, como un documental… es una obra muy femenina… es diferente, nunca había visto algo parecido. De ese modo la inquietud sobre lo vivido se trajo de la escena a la clase y los jóvenes lo toman, lo registran, lo acotan y  continúan buscando para enriquecer sus propuestas escénicas nacientes. Lo cierto es que vieron de muy cerca un teatro contestatario, pobre, si podemos decirlo de ese modo, y del que se desprendió un trabajo serio, profesional y apasionado; en resumen, el “gran descubrimiento” de nuestros alumnos que vivieron, se conmovieron y experimentaron el “otro teatro”, es que las posibilidades de la escena son prácticamente ilimitadas y eso permite un hondo ejercicio de creatividad y de búsqueda personal.

Prof. Oscar Hernández Mejía Tort

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