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EXCURSIONES en la Maguen

Jacobo Cojab, 2°C

¡Hola! Soy Jacobo Cojab. Les voy a platicar un poco acerca de mi experiencia en el campamento: para mí el campamento empezó desde que salí de la escuela, ya que ahí es cuando comienza una nueva aventura. En el campamento tuve tiempo de estar con mis amigos y maestros queridos.

Cuando llegué a el campamento me sentí bien porque tuve la oportunidad de despejar mi mente de cualquier deber que tenía. Al llegar a mi primera actividad (las lanchas) me apegué a la idea de que, pasara lo que pasara, me tenía que subir, ya que había perdido un poco de practica para remar. De chico remaba y me la pasaba muy bien; aunque nunca fui un experto, me divertía. Al subirme estaba tranquilo, disfrutaba del sonido del agua ya que me tocó sentarme en un espacio dedicado a una sola persona. Posteriormente empecé a querer retomar mi agilidad para remar y pregunté si podía intentarlo; cuando me dejaron intentarlo me di cuenta que ya no tenía la misma práctica que en los tiempos pasados, pero al final del recorrido la retomé.

Estar en las tirolesas fue excitante. A mí siempre me ha gustado la idea de volar y disfrutar del viento en el atardecer, no como en cualquier avión, sentado y aburrido esperando a que acabe tu gran viaje, sino que me gusta la idea de volar siendo un águila o un pájaro que disfruta cada aleteo que da. Es curioso, pero incluso la idea de montar un hipogrifo (un ser fantástico de la serie de Harry Potter que tiene las alas de un águila, dos pezuñas de pájaro y dos de caballo y cola de caballo) me apasiona.

Las habitaciones se me hicieron grandiosas, al menos la mía estaba conformada por dos hermosas camas que parecían algodones y una pequeña tan cómoda como las nubes, era una habitación cálida y espléndida donde el aire circulaba tan alegre que parecía que sabía que estaba recibiendo buenos invitados. Afuera el frío habitaba en las curiosas bancas cafés del piso superior.

La primera mañana del campamento me encantó, ya que fuimos a escalar una gran montaña que seguramente estaba esperándonos quietamente a la luz del sol. Tal vez a muchos les causó una sensación extraña o conocida como el miedo. Pero a mí no me causó nada de eso, fue como si me dijeran: vas a tener que subir a la gran montaña y yo nada más asintiera tranquilamente como si lo hiciera cada día que despertaba en mi cálida cama.

Empecé a escalar y podía voltear hacia abajo sin problema alguno. Cuando iba a más de la mitad de la gran montaña me di cuenta que estaba solo y nadie me acompañaba, lo que había concluido es que mis compañeros se habían atrasado y seguramente estaban abajo cooperando mutuamente para poder lograr el gran reto. Así que me quedé esperando como 15 minutos en una gran roca, sentado viendo el gran paisaje que se encontraba enfrente de mí. El paisaje me encantó ya que a mí me gusta mucho lo pacífico de la vida y los lugares tranquilos para reflexionar acerca de la vida. La mayoría del campamento me la pasé con los perros que allí habitaban, a mi me encantan los perros. Muchas personas me preguntan por qué estoy con ellos y me dicen que son malos, pero yo los considero como amigos queridos y cada vez que veo un perro callejero me parece como si estuvieran buscando a un nuevo amigo. El resto del campamento me la pasé muy bien con todos.

Mi experiencia del campamento a Valladolid Salomón Shabot, 5° de Bachillerato

En el campamento de la escuela fuimos a la ciudad de Valladolid. En este viaje pudimos visitar cenotes, zonas arqueológicas y la playa. Realizamos también una experiencia de Servicio Social; pero lo mejor fue la convivencia con mi generación.

El primer día, al llegar, visitamos algunos cenotes en donde pudimos nadar. Después fuimos a realizar el Servicio Social, en donde conocimos una familia de pocos recursos y construimos un cuarto con pisos de cemento y paredes bien hechas, experiencia en la cual aprendimos cómo realizar las mezclas para hacer el cemento; por otro lado, se le dio a cada familia del lugar, una despensa que contenía artículos esenciales para la casa. Esta vivencia fue muy valiosa porque además de ayudar, conocimos algo sobre la vida de otras personas. Es increíble lo agradecidos que estaban los integrantes de la familia.

El segundo día fuimos a un cenote en donde pudimos lanzarnos clavados. Este lugar estuvo maravilloso, porque además de que el cenote estaba muy bonito, hicimos una actividad extrema; por otro lado, andamos en bicicleta, lo cual disfruté mucho. Después fuimos a un centro arqueológico en donde escalamos una pirámide y contemplamos la vista desde arriba. Luego fuimos al Lago Lagartos, en el cual fuimos en lancha a un lugar donde había lodo para untar en el cuerpo y rejuvenecer la piel. A un lado de este sitio había un río con el agua rosa, en el cual tuvimos la oportunidad de nadar y probar algo nuevo y único. Por último, conocimos el centro de Valladolid, en donde tuvimos tiempo para pasear en una plaza y comprar comida típica de ahí. Me pareció un muy buen lugar porque pudimos vivir la vida nocturna del centro de la ciudad y tuvimos tiempo de comprar cosas. Por último, esa noche, al llegar al hotel después de la cena, vino un DJ y todos nos divertimos mucho.

El ultimo día salimos a una playa cerca de Cancún, en donde estuvimos todo el día y pudimos nadar en el mar, tomar el sol y hacer algunos juegos en la playa. Esta visita me pareció muy buena porque además de que la playa estaba muy bella, aquí fue donde más convivimos y nos conocimos como generación.

Finalmente, me pareció que el viaje estuvo bien planeado porque los hoteles, comida y atracciones fueron de muy buena calidad; pero principalmente, creo que este tipo de viajes propician la convivencia y unión de los grupos escolares.

Marlyn Yaffee, 4°D

El campamento consistió en ir a visitar un lugar el cual no conocíamos, “Zacatlán de las manzanas”, en Puebla, en el cual íbamos a conocer distintos lugares significativos con el objetivo de pasarla bien y aprender algo nuevo. Los alumnos de 4° fuimos junto a un grupo de maestros ya que ellos nos acompañaron durante todo el recorrido. Zacatlán es conocido como el lugar en donde se fabrica todo lo que tiene que ver con la manzana, ya sean jugos o sidras y otras productos. Fuimos a conocer una fábrica y vimos cómo se hacían y se fabricaban sidras, también fuimos a otra fabrica donde se crearon los primero relojes. En ella había muchos trabajadores que nos iban explicando cada paso. La pasamos muy bien y lo disfrutamos mucho.

Al siguiente día fuimos a visitar un pueblo de bajos recursos donde hicimos nuestro Servicio Social. Con mucho agradecimiento nos recibieron en el pueblo y nos dirigimos a las casas en las cuales íbamos a trabajar su piso, a darles despensas y a convivir. Estuvimos muchas horas ahí mientras trabajábamos. Las personas  estaban muy contentas, agradeciéndonos constantemente, y para nosotros fue una satisfacción poder ver como estábamos ayudándoles a que sonrieran. Aprendimos cómo se hace un piso y nos apoyaron unas personas que sabían de eso. En la noche nos organizaron una actividad en la cual toda la generación nos reunimos y cantamos. Fue una muy buena experiencia la que pasamos, muchos momentos interesantes y sobre todo la unión que formamos. Me gustó mucho haber ido y poder formar parte de esta excursión. 

Shelly Wellman Mustri, 1° D

Nuestro campamento se llevó a cabo en Tequisquiapan, Queretaro. El campamento se llamaba Cetia-ti, y cuando yo le pregunté al consejero qué significaba ese nombre, me contestó que era “unidos por la amistad”.

Estuvimos tres días en el campamento, en los cuales hicimos muchas cosas como pasear por el centro de Tequisquiapan y por el centro de Querétaro, tomar un tour en un turibús en el que nos explicaban los monumentos y los lugares importantes de esta ciudad. En Querétaro conocimos una mina de ópalos, subimos la Peña de Bernal, realizamos actividades extremas, nadamos, hicimos una fogata, tuvimos un rally y fuimos a una discoteca.

Hicimos nuestro Servicio Social en una escuela en la que las familias eran de bajos recursos: vendimos ropa, les dimos recetas de algunos productos caseros y les hicimos unas actividades que consistían en bailar, jugar futbol y saltar la cuerda.

A mí me gusto este campamento, porque me di cuenta que tenemos que valorar y apreciar todo lo que tenemos en la vida, desde la comida hasta un lugar para vivir.

Aquiba Yudah, 1°C

La generación de 1º de secundaria se fue de excursión a Querétaro. En Querétaro visitamos la ¨Hacienda de las aldeítas¨. En esa hacienda dormimos en unas cabañas de 14, 12 y 6 personas. El primer día del campamento, los guías nos enseñaron dónde estaban las actividades, las cabañas y el comedor, dónde podíamos estar y dónde no.

Fuimos a un lugar donde habían mineros que trabajaban para sacar ópalos (el ópalo es un mineral que brilla a la luz del sol). Nos explicaron qué era un ópalo y cómo se creaba. Entramos a una cueva donde nos enseñaron como trabajaban. Ellos ponían dinamita en un hueco redondo para poder explorar más lo que hay dentro. Como es una cueva grande, se fijan dónde hay grietas para ahí explotar la dinamita. Nos dejaron trabajar afuera de la cueva para encontrar ópalos. En la tarde fuimos al centro de Tequisquiapan para comprar y para ver cuatro obras donde nos explicaban cuatro leyendas. En la noche hicimos un rally que se trataba de buscar un tesoro con pistas y liberar a una persona llamada Calipso.

El segundo día fuimos a una escuela para hacer Servicio Social y explicarles unos proyectos que hicimos anteriormente. Esos proyectos tenía que ver con plantas como la lavanda, romero, menta y también cacao. Luego de ir a la escuela fuimos al centro de Querétaro y nos dieron un tour sobre su historia. Acabando el tour fuimos a comprar en el centro regalitos. Luego fuimos a hacer unas actividades extremas en la hacienda: muro de escalar, tirolesa, tiro con rifle y puente movedizo. En la noche vinieron unas personas y nos enseñaron a hacer unas canastitas con hilos. También en la noche fuimos a una discoteca y luego hubo una fogata.

El último día que estuvimos en el campamento fuimos otra vez a la escuela para hacer una venta de ropa, actividades de futbol, enseñarles a lavarse los dientes, a bailar, etc. Luego de ir a la escuela fuimos a escalar ¨La peña de Bernal¨. Cuando llegamos hasta arriba vimos gran parte del pueblo. En la tarde nos fuimos de la hacienda hacia nuestras casas en la ciudad de México.

Letty Policar Kassin, 4°A

En días pasados, del 6 al 8 de marzo, todos los alumnos de la generación de cuarto año de bachillerato nos fuimos a una excursión a un Pueblo Mágico llamado Zacatlán de las Manzanas, Puebla. Como ya es costumbre en las excursiones organizadas por el Colegio, hubo una buena convivencia con mis compañeros y entre los maestros.

Hicimos varias actividades divertidas como las cascadas de Quetzalapan y “Zacatlán Adventures”. En este lugar hicimos retos de piso y altura. Los retos de piso estuvieron muy padres porque estuve con mis compañeros y platicamos mientras hacíamos unas actividades que suponían la unión como grupo y la organización del trabajo en equipo. En estos retos pude convivir con mis compañeros, además de hacer unas actividades que suponían un reto personal. Los retos de altura me ayudaron a salir de mi zona de confort y superar miedos. un lugar en el que había un recorrido extremo. También fuimos al Valle de Piedras Encimadas en el que nos subimos a una carreta y nos iban explicando qué era cada una de ellas. Ahí comimos un día y disfrutamos la naturaleza. Nos organizaron un karaoke muy divertido en el que todos cantamos y convivimos.

La actividad que más me gustó de esta excursión fue la relacionada al Servicio Social en la cual hicimos pisos para gente de una comunidad de bajos recursos, les dimos despensas y sellamos sus paredes con tetrapack. Fue una experiencia muy emocionante ya que sentí que aportamos mucho en esa comunidad, la gente estaba feliz y me llenó mucho. Pudimos dar un poco de nuestro tiempo para cambiar la forma de vivir de esta gente, trabajamos con ellos y nos explicaron cómo se hacía. Aprendí a valorar lo que tengo y además fue una experiencia muy divertida porque pude hacerlo con mis compañeros y maestros.

Me hubiera gustado más poder vivir la experiencia de la excursión en Veracruz, pero pasé un buen tiempo en la excursión en la que participé, conviví con todos y conocí un nuevo lugar.

Luis Miguel Cervantes, Maestro de Lengua 

Mineral del chico no es un lugar desconocido para mí, suelo frecuentar el pueblo y los parques nacionales por los que está rodeado. No obstante, debo admitir que en esta ocasión el lugar cambió, incluso se volvió extraño. No lo digo en sentido peyorativo. Todo lo contrario: ir a un lugar familiar, no importa si sea cercano o lejano, acompañado de alumnos y colegas, resulta una experiencia completamente nueva.

En primer lugar se vuelve una experiencia nueva porque, a pesar de ya conocer bien el entorno, uno se ve obligado a volverse híper-consciente del lugar. Los niños son curiosos, y tienden a preguntar sobre todo, de modo que uno debe de poder poner atención a todas los objetos que hay en el lugar para saber cómo responder las preguntas de los niños. He notado que este ejercicio de preguntas por parte de los niños en un entorno abierto, tiene como resultado un gran estímulo imaginativo para los niños.

La experiencia por ejemplo de las tirolesas: los alumnos se sienten aves o seres capaces de surcar el cielo, pero tampoco pierden la noción de emoción y aventura que cruzar de un extremo a otro, velozmente, otorga. En segundo lugar puedo decir que uno puede apreciar, como en muchas otras situaciones, la unidad que existe entre alumnos. Efectivamente existen grupos de amigos diversos, pero siempre conviven de manera sana, se ayuda a enfrentar retos (me refiero a las actividades de la tarde del segundo día), y se apoyan mutuamente. Podría afirmar que existe un gran grupo de amigos que a su vez se divide en grupos más específicos.

Por mi parte puedo agregar que la experiencia de comunidad fue experimentada ya que pude convivir cercanamente con dos colegas, Otto y Juan David, con los que previamente no había platicado. Fue una experiencia genial ya que uno descubre que otros profesores no son sólo colegas sino, en realidad, amigos. No sólo ha sido eso: pude convivir muy de cerca con varios alumnos en una dinámica diferente a la de maestro de español: por ejemplo, a varios chicos les pude ayudar a subir la montaña enseñándoles cómo asegurar correctamente los mosquetones o cómo acomodarse sobre la roca para evitar resbalarse o posiciones incómodas. Puedo concluir, sin que exista la menor duda, que fue una experiencia reveladora y agradable. 

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