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Elías Farca o los mecanismos del poema

Los mecanismos del poema

La poesía sopla donde quiere y cuando quiere, esta frase la decía algunas veces el poeta argentino Hugo Gola, hablando quizás a través de Paul Valery.

La poesía sopla donde quiere.

Esto significa que no tienes que ser un erudito, un estudioso de literatura, un filósofo, ni nada por el estilo, para llegar a escribir buenos poemas. En la historia de la literatura hay muchos poetas que prácticamente no tuvieron una educación formal literaria, aunque sí fueron buenos lectores. Han existido también poetas precoces, muy jóvenes, que escribieron poemas a los 14, 15, 16 años, y que dejaron de escribir a los 20; u otros que comenzaron a escribir en la adolescencia y que continuaron toda su vida escribiendo, como es el caso de Pablo Neruda. También hay personas que han estudiado literatura, han querido escribir poemas y no han podido hacerlo, por múltiples razones. Como se ve por lo anterior, la poesía verdaderamente sopla donde quiere y cuando quiere. 

Por otra parte: ¿cómo saber si alguien nació o si tiene las habilidades para escribir poemas, si nadie se las ha podido despertar? 

Y otra pregunta: ¿cuáles son esas habilidades que se requieren para escribir poemas?

1.- La primera habilidad requerida es amar las palabras, no solamente los significados de las mismas, sino, sobre todo, los sonidos, la materialidad con que están hechas.

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2.- La segunda habilidad es poder despertar emociones y sensaciones a partir de juntar dos, tres o más palabras.

3.- La tercera: que esas palabras que se juntan tengan un ritmo, una musicalidad, un tono. El poeta, cuando construye un poema (porque un poema se construye con palabras, como una casa con ladrillos) no está pensando en todo lo anterior conscientemente, de manera dividida o fragmentada, sino que lo va construyendo musicalmente, intuitivamente, variando palabras, modificando la puntuación, agregando más espacios entre los versos, repitiendo palabras… En fin, esto y otras cosas suceden al construir un poema.

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Regresemos ahora a la primera frase, con la que comencé a escribir este texto:

la poesía surge donde quiere, cuando quiere.

El comenzar a escribir poemas surge, a veces, a partir de un impulso externo, de una sugerencia de alguien, de un reto: alguno de éstos puede ser el motor que moviliza o hace surgir habilidades que desconocíamos en nosotros y que nunca hubiéramos creído poder desarrollar. Esto le sucedió hace alrededor de año y medio a Elías Farca. Lina López, Directora de Bachillerato, impulsó a Elías para que escribiera un poema para participar en el Certamen Literario del Centro Deportivo Israelita.

cropped-CERTAMEN43Elías escribió su primer poema a partir de transformar un poema de Jaime Sabines. Es una práctica común de algunos poetas tomar poemas de otros poetas y hacer variaciones sobre los mismos. El poeta norteamericano Charles Bernstein dice que todo lenguaje es encontrado. Así, Elías, intuitivamente, hizo su primer poema a partir de una apropiación y re escritura de un texto de Sabines. Cuando leí el poema de Elías, le dije que sería muy interesante que comenzara a escribir otro poema desde cero. Entonces nos pusimos a trabajar.

¿Cómo? A partir de ir conversando sobre distintos asuntos, hasta que me comentó que había viajado a Italia con su familia y que en Florencia había visto el David de Miguel Ángel.

An Italian restorer from the "friends of Florence association" works on cleaning Michelangelo's David, one of the world's most famous statues, on February 29, 2016 at the Galleria del'Accademia in Florence, where the statue has been kept since 1873. / AFP / ALBERTO PIZZOLI

An Italian restorer from the “friends of Florence association” works on cleaning Michelangelo’s David, one of the world’s most famous statues, on February 29, 2016 at the Galleria del’Accademia in Florence, where the statue has been kept since 1873. / AFP / ALBERTO PIZZOLI

A partir de ese momento, todo comenzó a fluir. Comencé a hacerle preguntas acerca de esta experiencia, de todo lo que vio y pensó; de lo que hacía su hermana, de las palabras que dijo su padre, su madre y él mismo ante el imponente David. Todo lo que dijo sobre esa experiencia, yo lo fui apuntando. Después, entre los dos comenzamos a acomodar el poema, a distribuirlo sobre la página. Poco a poco Elías comenzó, en esa primera experiencia, a observar los mecanismos para construir un poema: por qué poner una palabra en el segundo verso en lugar de en el primero, por qué cambiar una palabra que sonaba mal, o que no era precisa por un sinónimo o aún eliminarla; por qué no se puede decir todo en el poema, sino que se tiene que condensar toda una experiencia en unas cuantas palabras. El poema de Elías, “El impacto”, ganó el primer lugar del Certamen Literario, lo que le dio mucha alegría. A partir de ese momento, Elías comenzó a escribir poemas con ímpetu, o mejor dicho, con furia. De pronto llegaba a mi oficina y me decía: “vamos a trabajar”, “mira lo que escribí”, “se me ocurrió que estas palabras pueden volverse un poema”, y comenzábamos a ver qué es lo que traía. Yo le pedía que me leyera el poema, después yo lo leía y comenzaba a sugerirle cambios, si se requerían, o a preguntarle sobre por qué había escogido una palabra u otra, o cómo había comenzado a escribir el poema. A veces discutíamos sobre una palabra, sobre un verso y, lo más interesante, es que Elías discutía ya con cierto conocimiento de causa. Me decía, por ejemplo, que a él le gustaba repetir al principio de cada verso una palabra, y me daba sus explicaciones. De esta manera accedió a los mecanismos de la escritura del poema. Creo firmemente que si uno accede a esos mecanismos, ya tiene una relación real con el poema. De esta manera, discutiendo, conversando, reflexionando, Elías ha escrito alrededor de 12 poemas en poco más de año y medio. Debo decir que 12 poemas suenan pocos, pero no lo son.

Por último, es importante señalar que en nuestros diálogos sobre poesía, también yo aprendí cuestiones pedagógicas que no me había planteado antes. Por ejemplo: ¿cómo explicar a un alumno de tercer grado, no conceptualmente, sino en la práctica (de manera sencilla, pero no banal), con un poema concreto escrito por él mismo, cuándo estamos ante un ritmo fluido o no; ¿por qué es bueno repetir palabras, o hacer digresiones? ¿Por qué el lenguaje coloquial puede entrar en un poema? ¿Cómo y cuándo es interesante que entre?, etc.

Los dos poemas a continuación, los escribió Elías a lo largo de este tiempo.

 

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Elías Farca

Elías Farca

Un tiempo, unos meses, dejó de escribir Elías porque, me dijo, “había perdido la inspiración”. Después la recuperó y siguió escribiendo. Ahorita también la ha perdido, ya que tiene algunos meses que no escribe, pero espero que la recupere y comience de nuevo a escribir como antes.

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